Su perfil no se explica como una singularidad. Se explica desde la evolución de una industria que requiere liderazgos más integrados, equipos diversos y capacidades ejecutivas capaces de conectar mundos que antes avanzaban por carriles separados.
La infraestructura crítica suele describirse desde activos como líneas, subestaciones, kilómetros de red, capacidad de transmisión, inversiones, permisos y continuidad operacional. Esa lectura técnica es necesaria.
No obstante, también deja fuera una dimensión cada vez más relevante: quiénes conducen las decisiones que permiten que esas obras avancen, operen y permanezcan en el territorio.
En sectores como la transmisión eléctrica, el liderazgo ejecutivo exige moverse entre ingeniería, regulación, medio ambiente, comunidades, reputación y estrategia empresarial. Esa combinación define una industria de alta complejidad, donde las decisiones ya no pertenecen a una sola disciplina ni a una sola mirada.
El caso de Paola Basaure, vicepresidenta de Asuntos Corporativos y Gestión Socioambiental de Transelec, permite observar esa transformación. Su trayectoria se inserta en una generación de mujeres que han llegado a espacios estratégicos dentro de industrias históricamente técnicas, ocupando posiciones donde se toman decisiones sobre proyectos, relaciones territoriales, cumplimiento, sostenibilidad y confianza pública.
Liderar donde convergen varios desafíos
La transmisión eléctrica ocupa una posición relevante en la vida del país. Permite conectar generación y consumo, sostener actividad productiva, dar continuidad a servicios esenciales y habilitar la transición energética. “Esa función instala a las empresas del sector en una zona de alta responsabilidad pública”, sostiene Basaure.
Conducir desde la primera línea corporativa de una compañía como Transelec implica entender esa responsabilidad en toda su amplitud. Cada proyecto combina variables y cada decisión puede tener efectos en la operación, en el territorio y en la confianza de distintos actores.
Basaure representa un tipo de liderazgo que trabaja precisamente en ese cruce. Desde Asuntos Corporativos y Gestión Socioambiental, su rol conecta la estrategia empresarial con la forma en que la compañía se relaciona con comunidades, autoridades, equipos internos y entornos ambientales.
Esa posición exige criterio, lectura del contexto y capacidad de sostener decisiones en escenarios donde la infraestructura se vuelve parte de la conversación pública.
Por eso el perfil de Basaure es singular. Una mujer ejecutiva en una industria históricamente dominada por hombres. Por ejemplo, cuatro de los cargos del comité ejecutivo de Transelec están ocupados por mujeres, incluyendo las vicepresidencias de Regulación, Negocios y Asuntos Corporativos.
La empresa ha construido a través de los años una política activa de desarrollo de talento femenino que hoy se expresa en una participación por sobre el promedio de la industria.
Liderazgo femenino en industrias técnicas
Uno de los puntos relevantes del relato de Basaure es la confianza profesional. En industrias donde predominan lenguajes técnicos, estructuras jerárquicas y decisiones de alto impacto, la confianza se construye a través de preparación, criterio y capacidad para sostener posiciones.
Esa confianza permite preguntar, tensionar supuestos, pedir información, levantar alertas y participar en conversaciones donde se definen proyectos estratégicos. También permite conducir equipos en momentos de presión, cuando la organización necesita actuar con claridad y coordinación.
Basaure ha destacado la importancia de ser una misma, preguntar y confiar en el propio criterio. Esa idea tiene fuerza porque desplaza el liderazgo desde el molde único hacia una práctica profesional más auténtica.
Equipos diversos para problemas complejos
En sectores técnicos, muchas mujeres han debido adaptar su estilo a códigos previamente instalados. El avance real aparece cuando pueden liderar desde sus propias capacidades, con voz, autoridad y legitimidad.
Esa confianza también se transmite a los equipos. Una ejecutiva que lidera con claridad habilita a otros a plantear problemas, buscar soluciones y asumir responsabilidades. En infraestructura crítica, esa cultura interna tiene consecuencias concretas: mejora la gestión de riesgos, fortalece el cumplimiento y ayuda a responder con mayor consistencia frente al entorno.
La diversidad en esos equipos ayuda a mirar mejor. Permite incorporar experiencias distintas, abrir preguntas que la planificación técnica podría dejar fuera y construir respuestas más pertinentes.
En esa lógica, el liderazgo femenino forma parte de la capacidad de una empresa para enfrentar desafíos complejos con mejores herramientas.
Por eso, la construcción de equipos se vuelve una dimensión central del liderazgo. Basaure ha puesto énfasis en habilidades que muchas veces quedan fuera del imaginario clásico de la infraestructura como escucha, redes, capacidad de presentar, retroalimentación, conversación con otras áreas y lectura del territorio.
La presencia de mujeres en la primera línea corporativa de empresas técnicas no debe leerse como una señal decorativa de diversidad. Es parte de una adaptación necesaria para sectores que enfrentan demandas más amplias, territorios más informados y proyectos más expuestos al escrutinio público.









